20070224

Normativa Normal: La masacre de libertades.

Debe ser algo natural que cada cultura y sociedad, sea cual sea, genere una normativa que rija los derechos y obligaciones de cada individuo miembro a medida que vayan consolidándose. Que serían nuestras vidas sin tildes. Debe ser normal que normalicemos nuestro estado de libertad en función de unas normas escritas o sabidas para poder seguir reiterando “lo normal”, eso sí, en este caso, en nosotros mismos. Seres sociales y normales, y al mismo tiempo libres. Todo ello debe enriquecer y culminar toda cultura o sociedad que consiga ese estado normativo donde sus miembros crean tener alas y poder volar por tener un hilo donde cogerse.

Así pues, todas las sociedades deberían tener el mismo final y transcribir su historia a libros junto a normas y diccionarios para facilitar el trabajo a los proyectos de miembro y a sus correctores y retractores. Un mundo regido por la norma, lleno de espectros privadores del poder equivocarte sin saberlo y basado en estereotipos demasiado correctos y dogmas absurdos o, tal vez, quien sabe, necesarios.

Si hemos de buscar una verdad encontraremos una: el dogma intenta hacernos dogmáticos sin otro fin que el de poder encasillarnos los unos a los otros y decirnos que está bien y que está “muyyy” mal. ¡Basta ya... pues de dogmas e hilos conductores, ahogos y sogas!

El BDSM, siguiendo el ciclo natural y vital de toda sociedad o cultura en su madurez, acabará siendo otra microsociedad subordinada y coordinada en sus entrañas, sujeta a las tildes y donde las exclamaciones nos atraganten. Rodeado de un mundo que no comprende y que sin embargo nos ayuda a basar nuestros pequeños universos. Por ello acabará siendo eso, una pequeña sociedad dentro de otra adoptando sus mismos esquemas y sin embargo “creyéndolos copias” mejoradas si es que llegamos a verlos copias.

La Comunidad BDSM, eso que jamás deberíamos creer como existente, evoluciona. Ya no es suficiente no saltarle un ojo o amputarle el clítoris a alguien, tampoco debemos robar ninguna alma. Por mucho que digamos que lo que nos gusta es apoderarnos de ellas o, incluso, entregarlas, NI ROZARLAS. Guardemos nuestras “güijas” en cualquier cajón y dejemos al espíritu. Todo muy curioso cuando se habla constantemente de que cada uno lo entiende a su modo, que la imaginación nos conduce a cada uno a nuestro “morbo” privado y todos han de respetarlo.

Ahora impliquemos a los demás en nuestro cometido y hagámosles defender nuestros intereses en nuestra ausencia más allá del respeto humano y de convivencia. Que eviten a otros individuos creer en libertades erróneas y perder el tiempo en psicoanálisis y demostraciones de sensibilidades y sentimientos. Para algo esta todo escrito, para algo pretendemos que todo lo esté.

Que esté o no consensuado, y en uso de un derecho individual ya no es relevante para ningún actor de rol. Los derechos son los que nos dan el grupo masticaditos y digeridos previamente para evitar el efecto punzante de la exclamación. Como dijo una vez alguien con mis propios labios: “Somos libres y moriremos libres en nuestras propias cárceles...”

Todos “deberíamos” basar nuestros esfuerzos en evitar que de la noche a la mañana perteneciésemos a algo de repente. Si bien llega un momento en nuestra vida en que podemos ubicar aquellas inquietudes que nos provocaban un sentimiento extraño en el momento de querer darles salida, y les damos el nombre de inquietudes BDSM, lo hacemos conservando por ente a nuestra persona junto a su personalidad y criterio. Muchos se creen especiales por desarrollar una faceta u otra en la vida pero esto sucede rara vez. Practicar BDSM no hace a nadie raro, pero mucho menos, especial.



BraXteR CAiN y la ironía de cuanto sucede... con toda normalidad.

NEO-CORTEX BDSM(08/06/2005)

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