20070307

BONDAGE, el delirio de las cuerdas


El bondage es una de las practicas BDSM más extendidas en todo el mundo y una de, a las que con más fuerza, podemos encontrarle una raíz cultural. En sus inicios tuvo, en muchas culturas, una estrecha vinculación al erotismo, al placer de la piel y el roce y a la fantasía. En este camino se aproxima al arte, más allá del “ars erótica”, llegándolo a cubrir mientras este mismo le cubre a él. El bondage goza de espontaneidad y de técnica, del aspecto físico y del mental. En Japón, uno de los países donde más se ha desarrollado esta práctica, el Nawa Shibari fue un importante instrumento durante la guerra. En el tiempo de las cruzadas y de la inquisición, el cristianismo supo también encontrar su hueco para él como instrumento de tortura. Desde su nacimiento, el bondage ha estado presente en diferentes lugares y culturas llegando hasta nuestros días como algo genuino.
Al igual que tantas otras prácticas, el bondage puede ser concebido como algo externo al BDSM, es decir, lejano a concepciones de dominación y sumisión, de sadismo y masoquismo. Por otro lado, “SM” es un termino utilizado como paraguas para englobar un sinfín de actividades y actos considerados mayoritariamente como parafilias o perversiones, debido a su enajenación natural de lo socialmente aceptado. Una vez descuartizado el BDSM, podemos adentrarnos en él y dar forma a cada uno de sus elementos matizándolos, desenredándolos nudo a nudo.
El termino bondage significa esclavitud. No es de extrañar que se utilice para hacer referencia a esta práctica, ya que, simplificando, consiste en reducir a una persona privándola de movilidad completa o parcialmente. Cualquier material u objeto que lo permita es válido. Las técnicas occidentales, por ejemplo, se dan satisfechas con ello. Si nos adentramos en las orientales, encontraremos que no es suficiente, un bondage completo será un conjunto de tramas capaces de realzar o restringir las distintas partes del cuerpo a parte del hecho de que pueda o no inmovilizar a la víctima.
Podemos establecer en cada sesión una base receptora de muchas otras prácticas alejándonos o volcándonos completamente en lo genital. Su máximo atractivo es, en todo caso, el juego de la erotización de la total entrega, de la confianza y del conocimiento. La impotencia, el miedo y el horror no pierden grado alguno de excitación, se apoyan siempre en los anteriores. En esta cara, más abstracta y mentalista, hay tres elementos a tratar que forman parte del juego: la fomentación del deseo, la adoración, y la cosificación o utilización de la persona.
Fomentar en alguien el deseo hacía tu persona es sumamente grato. Nos sitúa en la escalonada pirámide de Maslow, en el peldaño de la autorrealización y la seguridad. Nos sentimos deseados y ello nos complace e incluso tranquiliza. Hemos conseguido con nuestros medios, de forma voluntaria y consciente, fomentarlo.
Una vez conseguimos privar a alguien de su autosuficiencia, sacando a flor de piel su vulnerabilidad, sensibilizando no solo su cuerpo sino también su mente y su alma, solo nos queda ver como nos necesita y desea, qué fórmulas utiliza para expresarlo, y disfrutar de todo ello.
El dominante disfruta del control de la situación y del poder de moldearla. Se siente un conductor de sensaciones y, de alguna forma, un creador. El bondage es la forma más gráfica de demostrar esa posición otorgada y el devenir al que acceden algunos. Moviéndonos junto al desenfreno, por otro lado, el auto control es placentero y corrosivo. Sin él jamás dominaremos ninguna situación.
Compaginar unos nudos con la incapacidad de ver, haciendo que la víctima quede enajenada de su entorno, inconsciente a él, puede fundir su interior a su exterior y a ambos a las cuerdas provocando así una sensación extraña. Que necesite de nuestro tacto, de una palabra, de cualquier gesto nuestro hacia ella y que la lleve incluso a la suplica querer obtenerlo. Se trata de potenciar nuestras acciones interfiriendo directamente en el estado natural de la víctima y hacérselas anhelar eliminando cualquier razón que pudiera reprimir su deseo.
Dos sensaciones evidentes de quienes son atados están vinculadas al abandono. Se sienten o no solos. La adoración nos pondría en la situación inversa de la fomentación del deseo. Dejamos sentir a la persona que tenemos presa como estamos pendientes de ella, nos hacemos cargo y la cuidamos. Que somos nosotros los que nos vemos volcados a ella plenamente. Le desprendemos la excitación que nos provoca. Algo así como recorrer su cuerpo o simplemente mostrarle nuestras ganas locas de hacerlo. Por ejemplo, pasar una cuerda entre las piernas a modo de cinturón de castidad e impedir la posibilidad de penetración puede ser enloquecedor. En la adoración, la persona atada simboliza el motor de la relación y del momento y así lo percibe. Las cuerdas dan a su cuerpo una nueva forma. Nos volcamos por completo sobre el placer de adorarla, de hacer de ella un bien preciado y deseado. La vertiente japonesa, que tiene gran parte de decoración, es muy indicada para ello. Vestimos a la persona y no solo la hacemos sentir especial sino que también la miramos de tal modo.
La cosificación o utilización del sumiso podemos situarla dentro de la humillación pero le encontramos aún un lado más salvaje. La única “utilidad” del sumiso es la de satisfacernos y ser un objeto más de nuestros caprichos y placer. Disponemos de él cuando nos place, y cuando no, permanece a la espera. Podemos crear un vínculo a nuestras necesidades en el que él se implique de forma absoluta. Con él suplimos algo que se muestra vital y se limita a esperar el momento de auto complacerse complaciéndonos. Puede llegar a momentos de autentica angustia en el sentido de que nuestro alejamiento es igual a una innecesidad hacia su persona. Si nos mostramos distantes sufrirá.
En la distancia tenemos también espacio para el castigo y la tortura. Podemos enfocar esta situación tanto a la tortura mental (maltrato psíquico, desprecio, objetivación, etc.) como física. Es un buen momento para una nueva concepción del dolor. En el aspecto físico, es la ocasión perfecta para una forma conceptual distinta en cuanto a su aplicación, el dolor acumulativo. Sin ejercer constantemente una acción que busque esa sensación intensa, unos cuantos nudos pueden provocar que a medida que vaya pasando el tiempo aparezca y se intensifique. Esta técnica no se basa en cortar la circulación sanguínea, algo que hay que evitar a toda costa dado que ya sabemos los problemas que puede acarrear. Existen algunos puntos corporales claves a tener en cuenta. Por ejemplo, justo encima de los codos el atado nota enseguida como sus brazos se obturan y su color, tacto y sensibilidad se alteran; algo más arriba, en cambio, es un punto interesante para utilizar juntando los brazos por la espalda.
Con suma frecuencia la gente se aleja de la realidad. El bondage puede resultar peligroso, una de las practicas más peligrosas del SM. Para jugar de forma segura, el activo debe poseer unos mínimos conocimientos y, aun así, no estará libre de pena si se dedica a estrecharlos. Cualquier error de tiempo, un nudo mal puesto o la obstrucción de un riego sanguíneo puede llegar a acarrear problemas de salud serios. Problemas que ni el spank ni las agujas, en niveles que creemos inofensivos, ocasionarían. Es decir, hablar de “safe bondage”, significa hacerlo del conocimiento que posee quien ejerce de activo, conocimiento del que muchas veces no podemos estar completamente seguros.

“El Dolor formara parte de ti y buscaras el Placer en él. Mi Placer será tu Placer. Dominad@ liberaras tu mente de ataduras absurdas. Las ataduras a partir de ahora serán cuerdas ceñidas a tu piel.”

BraXteR CAiN, Señor de LaDyCAiN y gany{BX}.

NEO-CORTEX BDSM


ANEXO 1 – Guía de Técnicas y Materiales a utilizar.

Técnica/Objetivo/Material
Monoposicional: Inmovilización total mediante la utilización de estructuras y puntos de anclaje fijos, semi-suspensión y tensionamiento. Cuerda de cabo (diámetro 8 mm., largo 10, 15, 25 m)
CBT (Tortura Genital): Restricción del miembro alterando su estado Cuerda de cáñamo (diámetro 3-4 mm., 0,5-1 m) y venda farmacéutica.
Corporal Inmovilización, decoración. Cuerda de cáñamo y cuerda de macramé (diámetro 6 mm., largo 8-12 m.), cuerda de algodón sin alma (diámetro 8 mm., largo 8-12 m), bridas y cinta americana.
Suspensión: Elevación mediante puntos de apoyo. Restraints (muñequeras, etc.) y material de la técnica corporal.
Momificación: Inmovilización y privación sensorial. Film transparente, cinta americana, plástico y goma.

6 comentarios:

Nicholas H. dijo...

Espectacular el artículo. Hasta ahora la mejor descripción y exaltación del bondage -cómo quisiera que haya una palabra precisa en español- que he leído. Gracias.

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genial

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