20071119

de "PALABRA DE CAÍN", una extraña novela‏


Con este titulo nos llega un mail de Amo Madrid con un fragmento del libro Palabra de Caín. Le agradecemos que nos haya hecho llegar para hacernos una idea algunas de sus palabras…

"...Huyendo de Abel me ofrezco de carnaza, entro en ese bar como si entrara en el infierno. Unas cuantas cervezas y ya no respondo, me adentro en el humo dispuesto para el sacrificio voluntario, deseado.
¿Cuántas son las manos que me tocan y desgarran la ropa? ¿Cuántos son mis verdugos? ¿Cómo son?
Cuatro o cinco, o quizá más, desconocidos, intercambiando papeles y lugares a mi alrededor. Soy una pieza de ganado en el mercado (la víctima solitaria: el Cordero Pascual a-cala-y-a-prueba), manosear la pieza desnuda verificando la calidad de la carne, su accesibilidad y su urgencia.
¿Quién me vendó los ojos? ¿Quién puso una mordaza en mi boca? ¿Cuándo me dejé atar de pies y manos a la reja del cuarto oscuro?
Ya no hay vuelta atrás, con miedo me entrego al castigo y al placer: sexo como salto, como rapto, como fuga, suicidio alegre. (Tú no eres el único, Abel, yo también soy pastor -y pasto- de un gran rebaño.) Tomad, comed y bebed todos de él, éste es mi cuerpo disputado a los gusanos.
¿Quién me chupa? ¿Quién me pellizca? ¿Quién me flagela los muslos, las nalgas, el pecho? ¿Quién me insulta?
A veces responder con amagos inútiles de huida que enardecen más los ánimos del látigo o la fusta. Morder la goma, confundir el quejido con el suspiro. La vara que mide a golpes en mi sexo hinchado, dolorido, el grado de aguante, la avidez por vivir una experiencia extraordinaria, religiosa.
¿Quién me pone pinzas en los pezones? ¿Quién derrama cera caliente sobre mí? ¿Quién me penetra con buen ritmo?
Lágrimas hirviendo queman mi pecho, una, dos, tres y pausa. Me retuerzo. Después en la espalda: una, dos, tres, cuatro y pausa. Me estiro apurando la sensación de fuego que queda en la piel, resoplidos de asfixia. Nadie me toca, silencio ahora, silencio, la cera enfriándose y endureciéndose, todos observan mi reacción al castigo, por encima de cualquier eco mi respiración acelerada. Unos segundos interminables de beatitud. Olor a iglesia, velas ardiendo, noto próximo, inminente, el calor de la llama que se acerca: tiemblo de impaciencia temiendo el cuándo y el dónde. Caen de seguido sobre las nalgas, los costados, nuevamente en el pecho, el vientre e incluso sobre la polla que quiere explotar.
Alguien me azota el culo con varias palmadas sonoras, me lubrica, primero un dedo o dos entrando fácilmente, luego tres y hasta cuatro forzando, explorando, comprobando mi disponibilidad, y ¡Uf! me folla de sopetón, severo, domándome a base de rápidas y profundas embestidas, ¡al trote!, ¡al trote!, me tira del pelo, ¡al trote!, ¡al trote!, se agarra de mi cara, me ahoga.
¿Quién se corre? ¿Quién gimotea? ¿Quién gruñe? ¿Quién me masturba/ordeña con mano o boca experta?
Salir uno para entrar otro, una polla tras otra, manos gruesas, manos pringosas, manos suaves, manos ásperas. Una-polla-tras-otra y ya no me pertenezco, todo mi cuerpo se debe a la emoción sublime que me parte. Soy hueco: por el agujero del culo puede verse mi jeta sonriente, el gesto desmayado, desmañado. Como una marioneta fuera de control, dominado por ese baile violento dentro de mí. No me contengo, ¡no puedo!, me meo o me corro o me desangro, sin fin, sin diferencia.
¿Quién arranca la mordaza de mi boca? ¿Quién me besa? ¿Quién me muerde? ¿Quién me escupe?
Los labios al-rojo-vivo, la piel tensa que arde a punto de resquebrajarse. Me balanceo colgado en el abismo, ¿cuándo acabará esta locura? Mil estrellas nacen en mis ojos sin necesidad de abrirlos, es el negativo fotográfico de una noche limpia de invierno, sin luna. Caen estrellas fugaces y pido deseos sin sentido.
Soy una ofrenda continua, un sacrificio que Dios no acepta."

"PALABRA DE CAÍN" de Antonio de la Fuente Arjona (Editorial Hiria)
GRACIAS!

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