20090315

Las esferas del poder. Análisis de las relaciones interpersonales. 3.- La edad como factor de poder.

Una de las fuentes de contraste, que pueden conducir a un deseo apasionado, son las obvias y sutiles diferencias en el aspecto, experiencia, valores y percepciones que resultan de claras diferencias de edad. Sin embargo, a nuestra tendencia cultural en asignar demasiado valor al factor edad, la juventud puede llegar a ser con facilidad, una fuente de poder y estatus. Los hombres de cualquier orientación sexual están más próximos que las mujeres en colocar la juventud en su lista de cualidades más deseadas. Se cree frecuentemente que la deseabilidad de una persona se incrementa desde los veinteañeros a los treinañeros y empieza a disminuir o a deteriorarse en algún momento entre los cuarentones/cincuentones. Pero mucha gente empieza a preocuparse de la edad mucho antes. Es muy difícil no verse afectado por lo que nuestra sociedad nos enseña respecto a lo que sucede cuando maduramos: más responsabilidades, menos diversión, menos sexo, menos atención por parte de los demás, y por ende menos poder.

De alguna manera el proceso vital va en contra de esta perspectiva. Con la edad puede llegar más conocimiento y aceptación de uno mismo, posiblemente un cierto grado de seguridad económica, y una mayor capacidad para la genuina intimidad. Para el hombre o mujer receptivos, el paso de los años conlleva una mayor claridad de valores, una mayor habilidad en distinguir entre lo realmente importante de lo trivial. Pero para muchos, este valor añadido no es nunca suficiente para compensar la pérdida de la juventud. Un alto grado de discrepancia en la edad de los miembros de una pareja, algunas veces, aunque no siempre, conlleva una forma de interacción del tipo padres-hijos. El "hijo" se siente dependiente de la estabilidad y seguridad proveída por el "padre", pero también se resiente de la pérdida de libertady puede expresar disconformidad indirectamente, vía maniobras bajo mano, como el no seguir lo acordado, desapareciendo sin motivo, o negándose al sexo o al afecto. El "padre" admira del "hijo" su infatigable y libre vitalidad pero termina resintiéndose por su ambivalencia y falta de constancia.

Secretamente el"padre" espera que dando al "hijo" suficiente amor y consejo este madurará y devolverá un poco del amor, además de gratitud. En ocasiones así sucede,pero más a menudo uno o ambos se cansan de sus respectivos papeles y rompen la relación, con considerable sufrimiento psíquico.

Cuando se presentan algunos de estos síntomas, es indicativo, con pocas dudas, de que se esta dando este tipo de dinámica. El simbolismo de la edad se extiende mucho más allá del tiempo cronológico. Muchas parejas que están próximos en la edad en ocasiones gravitan hacia relaciones del tipo padre-hijo, hermano mayor-pequeño, o profesor-alumno,que no serían tan frecuentes y prevalentes sino ofrecieran algunas claras ventajas. Debido a que cada papel existe tan solo en interacción con el otro, hay una complementariedad construida y a menudo una división psicológica del trabajo, donde un participante es más bueno en los detalles prácticos, por ejemplo, mientras que el otro se concentra en las posibilidades intuitivas y en la aventura; cada miembro de la pareja tiene su esfera de influencia.

Si la grieta crece hasta hacerse demasiado amplia, esperaríamos en toda lógica un cierto relajamiento para restaurar el equilibrio. Pero con cierta frecuencia, ambos contendientes actúan incrementando la presión en sus respectivos roles, a menudo hasta la parodia. A medida que el miembro más práctico evoluciona hacia la posesividad y condesdencencia, el de espíritu libre reacciona siendo cada vez más irresponsable, voluble y auto-absorbente y viceversa.

Sin tener en cuenta la edad cronológica de los participantes, a aquel que actúa, en las relaciones de pareja con el papel de padre, debe permitírsele liberar y aflorar sus propias cualidades de niño o hijo, especialmente la habilidad para jugar y liberarse a si mismo de la penosa carga de las constantes obligaciones. Aquellos que de forma compulsiva juegan el rol de hijos pueden liberarse a si mismos mediante el desarrollo de las características opuestas, como la habilidad en hacer y mantener pactos, ejercitar la autodisciplina y retrasar la necesidad de gratificación.

En las relaciones positivas, con una clara discrepancia en la edad de ambos miembros (muchas funcionan muy bien), cada uno de ellos evoluciona hacia la totalidad observando aspectos poco desarrollados de sí mismo reflejados en el otro y entonces gradualmente madurarlos internamente. Con el paso de ltiempo, la importancia psicológica de la diferencia de edad se reduce enormemente, pero raras veces desaparece completamente.